
El dolor es un mecanismo de defensa. Es como la señal que emite cualquier aparato de que algo no va bien.
La mayoría de los músculos de nuestro cuerpo están retraidos, como "agarrotados". El músculo es como una goma elástica. Si la goma elástica se estira bien funcionará bien. Si casi no se estira no podremos sacarle mucho partido. Pues bien, nuestros músculos son como gomas, si no se estiran bien, no se podrán contraer bien.
Esta retracción de los músculos provoca dolor, debido a que no funcionan bien existe una mala oxigenación, además se forman como nudos, puntos dolorosos que no hacen sino aumentar ese círculo vicioso, con lo cual más dolor.
La edad, las malas posturas o los malos hábitos, los movimientos de sobrecarga ( movimientos bruscos, coger peso, estar mucho tiempo en una postura...) no hacen sino empeorar esas retracciones. Con lo cual el círculo vicioso se agranda, con lo cual más probabilidades de que aumente el dolor.
Estas retracciones provocan bloqueos a nivel de las articulaciones. Al principio son imperceptibles, pero con el tiempo podemos llegar a sentir que tenemos limitado el movimiento de determinada zona. Esto a su vez provoca una sobrecarga en la articulación, no hay buena oxigenación, las toxinas aumentan, con lo cual más dolor.
El dolor, que ya hemos dicho es un mecanismo de defensa, aparece en un primer momento,indicándonos que algo no va bien. Puede ocurrir que desparezca por sí sólo, ya que el cuerpo es muy sabio y hará sus arreglos internos. Pero estos arreglos conllevan "un peaje". A la larga esa zona irá quejándose cada vez con más frecuencia, de manera que los fármacos empiezan a ser una tónica en nuestra vida. Y más a la larga ni los fármacos puede que nos ayuden, y entonces nuestra calidad de vida empieza a mermarse. Es decir dejamos de hacer cosas porque sino luego nos duele. Es lo que llamamos el dolor crónico. A veces da señales, a veces no, pero con el tiempo los espacios de "no dolor" disminuyen.
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